¿Ojos enrojecidos e irritados?, ¿sensación de hormigueo o quemazón? A todos nos ha pasado alguna vez. Se trata de sequedad ocular, también conocida como Queratoconjuntivitis Seca o Queratitis Seca, y se manifiesta cuando la cantidad o calidad de la lágrima natural de la persona es deficiente.

En principio, la sequedad ocular no entraña gravedad, pero sí puede resultar bastante molesta para quien la padece. Al no recibir la humedad necesaria, el ojo no está lo suficiente hidratado. Y es la lágrima la que preserva la salud en la superficie ocular, posibilitando que veamos de forma nítida, de ahí que los síntomas de sequedad vayan acompañados de fatiga, al tener que hacer esfuerzo extra en enfocar.

La aparición de sequedad ocular está motivada por un desequilibrio entre la producción y el drenaje de lágrimas. La causa principal es que no contemos con la cantidad suficiente de hidratación ocular. Con la edad, o a consecuencia de alguna enfermedad o la toma de un medicamento concreto, la producción de lágrimas puede disminuir. Esta disminución también se ve favorecida por los climas secos y el viento, ya que aceleran la evaporación de la lágrima. Lo mismo ocurre con el aire acondicionado. En verano, con las altas temperaturas que sufrimos, es difícil resistir la tentación de activar la refrigeración para huir del calor. Pero has de tener en cuenta que una exposición prolongada al aire o ventilador acentúa la sequedad.

El otro por qué del ojo seco está en la mala calidad de las lágrimas. Una lágrima se compone de tres capas: lipídica, que evita la evaporación de la capa de agua; mucínica, encargada de mantener el ojo húmedo; y acuosa, de la que dependen la hidratación, nutrición y defensa de la córnea. La existencia de deficiencias en cualquiera de estas capas revierte en que las lágrimas no se extiendan uniformemente por la córnea, y ello provoca la sequedad.

Para paliar las molestias que conlleva el ojo seco, lo recomendable es usar lágrimas artificiales, con las que notaremos alivio inmediato. Pero si los síntomas persisten o se acentúan, no dudes en acudir al especialista, que será quien te indique qué pautas seguir. Recuerda que un diagnóstico y tratamiento a tiempo son fundamentales para descartar posibles complicaciones.

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