Wayfarer, de tipo aviador, a lo John Lennon, con cristales de espejo… Desde que su uso se popularizara en el siglo XX, las gafas de sol se han convertido en un complemento estético más y un producto estratégico para las marcas dedicadas a la moda… y sus imitadores. Sin embargo, un uso imprudente de las mismas puede acarrear serios problemas de salud. Por lo general, las gafas de sol “baratas”, que podemos encontrar en tiendas low cost no dedicadas a la óptica y en los famosos “top manta”, no cuentan con la homologación recomendada para proteger tus ojos y no cumplen la función para la que fueron creadas: protegernos de la radiación ultravioleta (UV).

Esta radiación invisible puede causar daños oculares que van desde quemaduras solares en los párpados hasta la pérdida de visión. Además, una exposición muy directa a la misma resulta incómoda para el ojo humano e incluso peligrosa en actividades como la conducción, por lo que las gafas de sol también sirven para combatir esta molestia. Pero si utilizamos lentes no diseñadas específicamente para este fin, su empleo puede resultar contraproducente. Te explicamos por qué:

El ojo se protege del sol de forma natural: cuando hay mucha luz, la pupila se cierra para regular su entrada y evitar que nos pueda hacer daño. Cuando no hay luz, la pupila se abre para dejar entrar la máxima cantidad posible de luz. Las gafas de sol oscurecen nuestro campo de visión y con ello nuestra pupila se abre, con la seguridad de que no será dañada ya que las lentes homologadas la protegen filtrando los rayos ultravioletas . Sin embargo, las gafas no homologadas carecen de esa función protectora, pero con ellas nuestra pupila tiene el mismo comportamiento. Así, al abrirse pero carecer de un filtro ultravioleta, recibe más cantidad de rayos que si no lleváramos gafas.

Por este motivo resulta tan peligroso el uso de lentes no homologadas. Para asegurar la protección contra el sol que tus ojos necesitan debes adquirir las gafas de sol en tiendas especializadas y asegurarte de que éstas llevan la etiqueta de filtro UV. Hay diferentes niveles de protección: para uso diario se recomiendan lentes de nivel 2 o 3, mientras que la categoría superior se reserva para casos extremos como los deportes de nieve.

Recuerda: ¡lo barato sale caro!

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