Siempre que imaginamos alguna dolencia asociada a nuestra vista, lo hacemos pensando en que será el interior del globo ocular el que se vea afectado. Sin embargo, hay otra parte fundamental para el ojo que se nos suele pasar por alto, y cuyo cuidado es fundamental, ya que son los encargados de la protección primaria de nuestros ojos: los párpados.

De los párpados depende la distribución de la humedad de las lágrimas sobre la superficie de los ojos. De ahí su papel crucial, ya que evitan la sequedad ocular. Además, hacen las veces de escudo de nuestros ojos, ya que son una barrera que evita lesiones y la entrada de elementos externos, gracias a la acción refleja de cierre ante cualquier tipo de ente que se acerque al ojo.

No obstante, no debemos olvidar que, como todo “cuidador”, también ha de ser cuidado, ya que puede verse afectado por patologías y trastornos que alteren su bienestar y, por ende, el de ojo. Una de las más comunes dolencias asociadas al párpado es el orzuelo. Se trata de una infección  del folículo piloso de una pestaña, que provoca enrojecimiento de la zona, así como un aumento de la sensibilidad, que deriva en dolor en el borde externo del párpado. Posteriormente, la zona suele inflamarse y puede producirse lagrimeo del ojo y sensibilidad a la luz intensa, así como la sensación de cuerpo extraño.

Ahora en verano, con las visitas a playas y piscinas, lo usual es que pasemos largos periodos de exposición al sol. Es fundamental, por tanto, aplicar también protección solar en los párpados, zona para muchos olvidada en este sentido. Hay que hacerlo, eso sí, con cuidado de que no penetre en el ojo, y nunca aceite o autobronceador, ya que puede tener un efecto contraproducente. No obstante, lo ideal, al margen de la crema, es llevar siempre puestas las gafas de sol homologadas, para garantizar una total de nuestros ojos. Las quemaduras en esta zona son especialmente delicadas, ya que la piel del párpado es más fina.

Para evitar infecciones, también es conveniente usar gafas de sol cuando nademos y buceemos. El cloro y otras partículas contenidas en el agua de la piscina pueden derivar en irritaciones oculares. Si estás en la playa y tienes mala suerte de que sople viento… ¡tapa tus ojos! En caso de que te entre arena, lávalos con abundante agua y nunca los frotes, para no acentuar el malestar.

Y si sueles maquillarte, recuerda siempre limpiar bien todo el contorno ocular. Los residuos de productos de maquillaje pueden acabar causando una infección. Tampoco olvides mantener siempre limpio las brochas y, por supuesto, evita compartirlas con otras personas: hay afecciones que pueden contagiarse mediante esta vía.

Contra la sequedad ocular, te recomendamos el uso de lágrimas artificiales, que aportan humedad instantánea. En caso de que notes tu párpado hinchado y enrojecido, puedes recurrir al conocido remedio casero de la manzanilla. Pero si los síntomas persisten y están acompañados de picor o dolor, acude a un especialista para que te informe sobre el tratamiento que seguir. Recuerda: de la salud de tus párpados depende la de tus ojos, así es que no dejes en segundo plano su cuidado.

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