Leandro José Burgos Ladrón de Guevara (1956) acudió a nuestra clínica en marzo de 2015. Se le había diagnosticado cataratas avanzadas y quería una segunda opinión médica. “Sin duda, la elección fue ir a la Clínica El Brillante, donde está el Doctor Fidalgo, con fama de ser muy bueno y de reconocido prestigio”, afirma este ingeniero industrial, padre de dos hijos y que además ha tenido miopía por herencia genética desde los 14 años.

En la Clínica se le realizó un examen riguroso y exhaustivo, “todo tipo de pruebas”, que concluyeron que la mejor opción sería someterse a una operación quirúrgica para acabar con las cataratas. “Personalmente, me tomé mi tiempo en tomar una decisión”, admite Leandro José. “Tenía algún viaje pendiente, luego el verano… Llegado el otoño, que es una buena estación para la reflexión, decidí operarme”.

Así, Leandro José regresó a la Clínica El Brillante Oftalmología. “Pedí cita con el Doctor Fidalgo para una revisión y para manifestarle mi decisión de operarme”. El día 25 de enero de 2016 se procedió a la primera intervención, en el ojo derecho. “Todo salió a la perfección”, asegura. Tan sólo tres días después –Leandro José tiene un tratamiento por infarto de miocardio y no conviene interrumpirlo por más tiempo- se intervino también sobre el izquierdo.

La intervención se desarrolló tal y como estaba previsto, con el equipo de la clínica “totalmente coordinado”, asegura. Sobre la intervención en sí misma, realizada por el Doctor Fidalgo, admite que apenas notó nada. “Ni darte cuenta, genial”. Y lo que es más importante: “desde el primer momento con visión”.

Leandro José se muestra tajante a la hora de valorar la operación y su posterior evolución: “perfecto es poco”, “de libro”, “mejor no existe”. La recuperación fue rápida, ya que el paciente asegura haber seguido “al pie de la letra todas y cada una de las instrucciones y recomendaciones del Doctor y su equipo”, consciente de que “la disciplina del paciente también contribuye al éxito”.

Ahora Leandro José se congratula de haber resuelto un incómodo problema de visión que condicionaba su día a día, pero admite que le queda una última cosa por hacer: “Sólo me falta olvidarme de echar mano a la mesilla de noche para ponerme la gafas”.

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