El cuidado de la salud de los más pequeños es una preocupación lógica. En los primeros años de vida, los niños quizás acudan al pediatra muchas más veces de las que lo harán al médico en su vida adulta. La salud ocular no debe quedarse atrás, y aunque el infante no manifieste dificultades evidentes de visión una revisión temprana puede evitar problemas futuros.

Lo ideal es realizar la primera visita al oftalmólogo a partir de los tres años. Antes de eso, el desarrollo de su visión puede no ser aún total, aunque lo cierto es que esta se sigue desarrollando hasta los ocho años. Hay que tener en cuenta que identificar una deficiencia visual en un niño es difícil, a no ser que esta sea evidente: él o ella no sabe que ve mal.

¿Qué pasa si el niño da muestras de esfuerzo para ver de lejos, o si presenta un desvío en la visión? Puede tener miopía o astigmatismo, que podrá corregir temporalmente con lentes y más tarde con cirugía láser, cuando cumpla los 18 años. También puede sufrir de ojo vago, en cuyo caso un parche y unas gafas bastarían para solucionar su pequeño problema.

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