Hoy por hoy vivimos constantemente expuestos a las pantallas: en casa, en el puesto de trabajo, incluso cuando caminamos por la calle lo hacemos, a veces, atentos a las de nuestros teléfonos móviles por sufrir cierta adicción a las aplicaciones de mensajería instantánea. Aunque fijar la mirada en una pantalla no causa daños permanentes en los ojos, sí que puede producir molestias puntuales. Es lo que llamamos “fatiga visual”.

Para evitarlo, la mejor opción es limitar nuestra exposición a estos dispositivos en la medida de lo posible. Sin embargo, a veces no resulta tan fácil: ¿te ves obligado a pasar diariamente seis horas delante de la pantalla del ordenador en tu puesto de trabajo? Lo más probable es que, conforme avanza la jornada, aparezca cierto dolor de cabeza o sientas una sequedad en los ojos que te invite a recurrir a las lágrimas artificiales. Recuerda mantener siempre una distancia de unos 50 metros con la pantalla y reducir su brillo. Además, te aconsejamos tomarte un respiro utilizando una técnica muy sencilla que se conoce como “20-20-20”:

Cada veinte minutos, aparta la vista del ordenador y fíjala en un objeto que esté a una distancia de veinte pasos (unos seis metros) durante aproximadamente veinte segundos. Después, retoma tu trabajo. Interioriza esta práctica hasta que la hagas casi de forma automática. Esto permitirá que tus ojos descansen y se reenfoquen, lo que te ayudará a reducir la fatiga visual. No olvides tomarte un pequeño descanso a lo largo de la jornada: pasea por la oficina, sal a desayunar; lo que sea para mantenerte por un rato lejos de una pantalla.

Y cuando por fin termine tu jornada laboral, olvídate por un rato de que tu móvil o tablet existen. Hay millones de cosas a tu alrededor que merecen ser miradas, y te aseguramos que no te darán tanto dolor de cabeza.

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