Profesionales afectados por una gran carga de trabajo, estudiantes, personas que estén atravesando una etapa personal complicada o crisis… Casi todos estamos expuestos, en un momento u otro de nuestra vida, a pasar por una situación que nos genere ansiedad. Seguro que has notado que las situaciones de alta intensidad de estrés acaban pasando factura en tu organismo. Los síntomas que acusa la ansiedad en nuestro cuerpo son diversos, y también se ven manifestados en la visión. Temblor del ojo o inflamación acompañada de pesadez son el reflejo más común del estrés, que a veces puede ocasionar vista nublada e incluso pérdida momentánea de visión.

¿Quién no ha sufrido alguna vez la molesta sensación de temblor ocular? En ocasiones, se presenta durante días y es motivo de preocupación.  Sin embargo, se trata de una alteración benigna que no presenta gravedad ocular. En realidad, no es el ojo en sí el que tiembla. El responsable del movimiento es el músculo de Müller, un pequeño músculo accesorio cuya función es la elevación del párpado, y que presenta susceptibilidad a la estimulación simpática, la misma que se activa ante cualquier situación de estrés. Además del nerviosismo, ciertos hábitos, como el consumo de nicotina o de cafeína en exceso, junto con escasez de horas de sueño, pueden propiciar la aparición del temblor.

La inflamación ocular está asociada a la maculopatía serosa, una patología que se manifiesta mediante una inflamación benigna de la mácula (la parte central de la retina a la que corresponde la percepción de los detalles, distinguir los colores… y posibilita ciertas acciones, como la correcta lectura o distinguir las facciones de un rostro). Se trata de una respuesta al estrés que, por lo general, afecta a personas dentro de la franja de 20 a 50 años. En principio, un correcto descanso y disminución del estrés bastarían para aliviar este síntoma.

La inflamación suele presentarse asociada a la visión borrosa, que en casos más extremos de estrés permanente puede derivar en pérdida súbita de visión, también conocida como amaurosis, una forma de somatizar algún trauma o estrés intenso. Puede resultar muy alarmante, pero este tipo de pérdida de visión suele ser un síntoma transitorio.

Y es que frente a otras lesiones de origen ocular, que tienden a ser permanentes, en el caso de un padecimiento de origen neurológico o una crisis hipertensiva los efectos son temporales y se presentan súbitamente. No obstante, siempre es conveniente acudir al especialista si la sintomatología es recurrente, para descartar que se trate de una alarma que anticipe otro tipo de problema.

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